En esta gran película de Frank Capra, el gangster interpretado por Glenn Ford, Dave, tiene la costumbre de comprarle de vez en cuando una manzana a Annie manzanas (Bette Davis) porque dice que le trae buena suerte.
Cuando la hija de Annie manzanas le anuncia a su madre que va a visitarla a Estados Unidos con su novio, un príncipe italiano, y su futuro suegro, Annie casi sufre un ataque al corazón. Ha estado mintiendo a su hija durante toda su vida, diciéndola que es una aristócrata cuando en realidad no es más que una pordiosera.
Dave, un gangster en el fondo con buen corazón, ayuda a Annie a mantener la mentira durante todo el tiempo que dure la visita de la hija.
Es destacable en esta película el papel de Peter Falk, la mano derecha de Dave, un esbirro irónico, que siempre está advirtiendo a su jefe sobre los líos en que está metido o se va a meter. Thomas Mitchell también hace un gran papel (como todos los suyos) como maestro que trata de convertir a Annie en una dama. También son muy entrañables las escenas de sospecha del futuro suegro de Annie, convencido en todo momento de que, de alguna manera, le están engañando.
Las dos escenas más memorables, a mi juicio, se producen con la sorprendente transformación de Annie en una dama de la alta sociedad. Después de una larga sesión de maquillaje, peluquería y vestuario, Bette Davis sale a una sala mostrando toda la grandeza que había estado escondida durante muchos años bajo una capa de mugre y harapos. Al verla, Thomas Mitchell se queda extasiado.
En la otra escena a destacar, grandes personalidades del mundo de la política de la ciudad acuden a la fiesta que monta Annie en honor de su hija. Es entonces cuando el conde italiano se convence por fin de la veracidad de los orígenes de Annie.
El punto cómico entrañable lo ponen los gangsters, amigos y enemigos de Dave, al que este convence para que se disfracen y aparenten ser personajes de la alta sociedad. Todo un poema, contemplar a estos personajes hacerse pasar por distinguidos.
Entre otras cosas, me gusta esta película porque, a pesar de ser de Frank Capra, no recurre a la lágrima fácil, sino a la sonrisa, para hacernos pasar un par de horas entretenidos.
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